Palmira, Capital Agrícola de Colombia.
Palmira, Valle del Cauca, Colombia.
Se adopta como escudo oficial para la ciudad el descrito por el poeta Don Ricardo Nieto Hurtado, en el año 1924, en el poema titulado Canto a Palmira.
El escudo es diagramado y decorado teniendo en cuenta la semblanza española, y está dividido en tres cuarteles así:
En el cuartel superior derecho del escudo se ve un sol que perpetúa el pensamiento de Simón Bolívar en la proclama que realizó en 1819, en la cual hace mención a la ciudad.
En el Cuartel superior izquierdo se aprecian tres palmeras, alegoría del nombre de la ciudad.
En el cuartel inferior, un brazo desnudo sostiene un martillo que golpea sobre un yunque su propio corazón, esto simboliza el esfuerzo conjunto de propios y visitantes, venidos de otras regiones del país, que trabajan por sacar adelante la ciudad.
Los dos ramos de olivo que lo enmarcan, simbolizan la gloria.
Se adopta como bandera oficial la creada en 1941 por Hernando Velasco Madriñán.
Está conformada por tres franjas horizontales de iguales proporciones y con los siguientes colores y significados:
Blanco: La paz.
Verde: El trabajo de sus gentes.
Amarillo: La riqueza y fruto de nuestra tierra.
Letra: Franciso Bayona Rivera
Música: Solom Espinoza
Música Himno a Palmira
Circundado de estriadas palmeras
y ceñido de perlas y de oro,
hoy te yergues portando el tesoro
¡Oh! Magnífico pueblo sonoro de cien primaveras (Bis).
Te sirvió de nodriza la gloria,
de pañales las patrias banderas,
y nutrido de savias proceras
libertado surgiste a la historia (Bis).
Hoy blasonas y fincas tu gloria
en el ímpetu audaz y creciente
de tu raza que llega al presente,
coronada de lauros la frente
cantando victoria.
El progreso tu esfuerzo pregona
ya es el grito en la pampa aledaña,
ya el arado en la fértil cabaña
el dinamo fantástica araña
que en sus redes de luz te aprisiona.
Reconstruye simbólicos ritos
en los surcos hundiendo la azada
y brindando tu entraña rasgada
porque tú como el ave sagrada
te desangras nutriendo al proscrito.
Gloria a ti que has luchado al conjuro
de tu empuje dinámico y fiero,
en la tierra clavando el acero
para hacer de tu entraña un granero
providente ciudad de futuro.