Palmira, Valle del Cauca, Colombia

El Paraestado de los ingenios azucareros

Las empresas asociadas en Asocaña representan un poder comparable a un pequeño Estado dentro del Estado, un Paraestado.


Cuando los ingenios azucareros se establecieron en Palmira, Manuelita S. A., Providencia y Mayagüez eran empresas que apenas superaban en producción a los grandes trapiches tradicionales; del mismo modo que la geografía espacial de los sembrados de caña era menor, si se la comparaba con las pequeñas fincas de la agricultura del Valle. Las poblaciones, entonces, soportaban la pavesa de la quema como un mal menor, porque los corteros y trabajadores fueron parte de un mercado laboral estable, con salarios y prestaciones que se perdieron con la modernización de la industria azucarera.

Actuando como un cartel, los ingenios azucareros asociados en Asocaña lograron acuerdos para conseguir eliminar la competencia en el negocio del azúcar; distribuirse entre ellos el mercado y subir los precios por consenso.

Esos ingenios azucareros conforman ahora una estructura empresarial con inversiones diversificadas en sectores claves como el etanol, la industria del papel y los derivados de la caña: principalmente el azúcar. Las empresas asociadas en Asocaña representan un poder comparable a un pequeño Estado dentro del Estado, un Paraestado. La economía que controla este Paraestado de los ingenios azucareros supera los ingresos fiscales de los municipios en donde están localizados. En efecto, los alcaldes de Palmira, por ejemplo, y toda la administración pública de este municipio, han tenido rodilleras ante Asocaña y los ingenios asociados: Manuelita S. A., Mayagüez y Providencia, entre otros.

Por su control sobre los recursos y el poder que tienen los ingenios azucareros, éstos conforman un Estado mínimo en los términos usados por el lógico Robert Nozick. Un Paraestado con ventajas fiscales, exoneraciones de ley y exención de impuestos; todo un negocio que incluye la inmunidad legal e intocable de los ingenios azucareros que, obviamente, no son el patrimonio de estas ciudades, sino las rentas capitales de unas pocas familias con apellidos, y la Organización Ardilla Lülle, uno de los grupos económicos con mayor poder en Colombia.

Las denuncias abiertas por Semana ponen en evidencia estos alcances (ver artículo ¿Hay cartel del azúcar en el país? ). Actuando como un cartel, los ingenios azucareros asociados en Asocaña lograron acuerdos para conseguir eliminar la competencia en el negocio del azúcar; distribuirse entre ellos el mercado y subir los precios por consenso. Lo que llevó a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a realizar una investigación de fondo. La oscura estrategia consistía en eliminar la competencia interna del negocio y bloquear la entrada de azúcar proveniente de países como Bolivia y Costa Rica, que compiten con precios por debajo del mercado interno.

Las pruebas de la Superintendencia son escandalosas. Se hallan contenidas en la Resolución 5347 de febrero de 2012. Mediante correos electrónicos entre directivos, documentos y actas comunes, los miembros del cartel del azúcar desplegaron una estrategia concertada para cobrar precios altos en el mercado interno del azúcar. Mediante juegos oscuros de información asimétrica, el cartel de Asocaña mantenía a sus socios al tanto de los precios internacionales y las variaciones internas, de modo que subieran costos perjudicando principalmente a los consumidores.

No conformes con elevar precios, la estratagema de ingenios como Manuelita S. A., Mayagüez, Providencia y San Carlos, entre otros, era mantener un consenso para no competir entre ellos y repartirse las cuotas de venta en el mercado colombiano. Es decir, un modelo implícito de equilibrios de Nash, pero dotado de las ventajas que llegaban con jugosas ganancias para cada uno; todo, sin competencia amenazando su mercado. En este caso, la Superintendencia ha comprobado que entre 2006 y 2010, los ingenios azucareros mantuvieron precios constantes al alza, lo que significa una anomalía desde el punto de vista comercial. Dentro de un comportamiento de cartel, Asocaña daba acceso a información confidencial que permitía a los ingenios azucareros pronosticar los precios de comercialización del azúcar hacia el futuro. Una conducta contrapuesta a las reglas de juego en los mercados internacionales.

Resumiendo, las pruebas relacionan una estructura de superior alcance. Los ingenios azucareros asociados en Asocaña han adoptado un comportamiento de cartel: comparten información de reserva en los mercados (información asimétrica); pronostican precios del azúcar en el mercado interno y externo. Y como todo cartel, buscan eliminar la competencia: asumiendo controles internos, comprando silencios y callando enemigos. Las condiciones dadas por la ley han sido burladas, y el país espera una sanción ejemplar que ponga contra la pared a los señores del capital dulce de la caña.

Si la ambición de los dueños de Manuelita S. A., Mayagüez y Providencia, y en general de Asocaña, no cuenta con límites frente a barreras comerciales internacionales, ¿qué podemos esperar de su poder Paraestatal en municipios como Palmira o Cerrito? De nuevo, la capacidad de manipular el poder político local, conducir elecciones y destinar funcionarios, se muestra en este Paraestado, casi omnipotente. Un alcalde es un pobre pelagatos, doblando sus rodillas y pidiendo limosnas a los señores del paraestado azucarero. Las ventajas fiscales con exoneración de gravámenes, exención de impuestos, y las facultades para deprimir laboralmente a sus trabajadores, representan costos morales y económicos que jamás podrán recuperarse.

Las familias propietarias de los ingenios azucareros no son de Palmira, ni tienen residencia en Palmira; en realidad, los dueños del capital viven y residen en lugares lejanos, sin experimentar los daños ambientales de la quema de la caña, sin noticias de criminalidad, y sin los afanes que agobian al pobre pelagatos del alcalde. Comparar las propiedades de los ingenios azucareros con el pobre poder municipal, resulta risible. Con toda razón las limosnas de los ingenios se propagan en estos pueblos miserables como si fuera el maná que cae del cielo.

Referencia:
¿Hay cartel del azúcar en el país? Semana. Marzo 16 de 2013.

Las fuentes de la violencia social y los mercados ilegales dependen de agentes principales, muchos de los cuales han logrado influencia en el gobierno de los municipios. Ellos pagan elecciones y pagan el derecho a mandar en las ciudades.

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Nullius in verba

Nullius in verba

Carlos Eduardo Maldonado

Atreverse a saber —como le gustaba decir a Kant—, significa un acto de valor, de valentía y osadía. Saber por sí mismos, sin el peso de cualesquiera autoridades. Pensar por sí mismo, en fin: orientarse en el pensar, decía el mismo filósofo alemán.

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