Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

El homo economicus tiene antecedentes en Rene Descartes. La tradición heredada prolonga la búsqueda de una verdad abstracta, racional. Por esto el ideal en las obras de los neoclásicos es la economía pura.


Pretendo en estas notas un cuestionamiento a los prejuicios heredados en la enseñanza de la economía que se remontan hasta Descartes. De paso, recuperando a dos desconocidos en los manuales: Adam Smith y Mandeville, tienen influencia en la educación, si les comparamos con la perspectiva contemporánea de Kuhn y Wittgenstein. Y entre los anteriores, la influencia de Joseph Schumpeter.

La metodología en la investigación neoclásica, desde Walras hasta Jevons y Friedman, tiene aires cartesianos. Como en Descartes, los modelos matemáticos de tipo neoclásico buscan un fundamento último (o primero) que sea evidente a la razón. Una abstracción del mercado en la que los precios, las cantidades, la demanda y la oferta sean el punto de Arquímedes del conocimiento económico. Esta metodología excluye las opiniones, los juicios de valor, las voluntades o conductas de los agentes. Es cartesiana porque al explicar sus modelos apelan a la evidencia clara y distinta (racional).

Si se buscan bases firmes, es porque se presupone que verdas est index sui et falsi. La verdad es evidente por derecho.

Pero, de hecho, los modelos existen y se oponen.  Es un escándalo para los economistas neoclásicos ver que los agentes económicos se oponen a las necesidades y las evidencias, prefieren el error a la verdad, la apariencia a la realidad, el mal al bien... etcétera.

Para justificar este hecho escandaloso, introducen cierto obstáculo, llamado, a veces por los economistas anticartesianos, “obstáculo epistemológico”, un antivalor, un diablo, una culpa, que permite explicar de manera suficiente toda desviación del orden eminente.

Es decir, aunque la verdad del modelo es suficiente, existe una “conspiración” de la ignorancia, de las potencias malignas que impiden su manifestación plena. En su obra La fábula de las abejas, Mandeville expone las contradicciones entre los vicios y las virtudes, extendiendo su metáfora al comercio, los negocios y la economía de la Europa Ilustrada.

Para eliminar esos males, eliminar el obstáculo o exteriorizar a ese diablo, es preciso oponer las matemáticas a las humanidades, la razón a las pasiones y postular un método de análisis regresivo para cavar la “arena de las opiniones engañosas” antes de llegar a “la roca” de la verdad.

Este método regresivo (estadístico) tiene denominadores en Descartes: “supresión de prejuicios”, “opiniones”. En David Ricardo, es un ejercicio de idealización en la limpieza de los datos sensibles. El aprendizaje de la economía se convierte al servicio de herramientas desechables. Si el modelo enseña cómo han sido las cosas, nos puede enseñar cómo seguir haciéndolas.

El prejuicio heredado busca eliminar los caprichos de la subjetividad. Con los modelos abstractos sucede como en las religiones del mito, la idea es regresar al estado adámico, a la caída original. El estudiante es conducido hasta reencontrar una niñez adulta donde los efectos del mundo circundante hayan desaparecido.

En la correspondencia entre David Ricardo y Thomas Malthus encontramos esta doctrina cartesiana; contra la vocación maltusiana por los datos y la evidencia, Ricardo alega la preeminencia de la teoría. Este mismo debate en “tamaño pequeño” se mantiene en los congresos de microeconomía.

Lo cierto, Malthus sugirió con lujo de detalles que la economía es hija del tiempo. Más tarde, William Stanley Jevons introduce contradictoriamente a la economía los árboles matemáticos que reverdecerán en el siglo XX. Desde entonces, la economía neoclásica es heredera de una misión apostólica que propugna por una regeneración de los métodos.

Resumiendo. El homo economicus tiene antecedentes en Rene Descartes. La tradición heredada prolonga la búsqueda de una verdad abstracta, racional. Por esto el ideal en las obras de los neoclásicos es la economía pura.

Alejada de los problemas del hombre común, el Estado o los gobiernos, la abstracción racional logra derrotar el engaño de los sentidos, la voluntad y el mundo. Los neoclásicos predican así el nacimiento de su metodología.

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