Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Fernando Estrada

La teoría schmittiana no es lingüística, porque sus propósitos no se orientan a la sintaxis o la semántica del vocabulario político. Antes bien, la demanda de claridad parece provenir de su empeñada búsqueda de problemas originales.


Durante los primeros días del año hacemos promesas personales. A los lectores siempre nos interesa descubrir nuevas obras. Autores, libros o ensayos que nos ayuden a avanzar en diversos campos del conocimiento. Siendo así, quiero compartir con ustedes una obra de notable trascendencia para comprender nuestro tiempo. Si bien específicamente se trata menos de un tratado que de un ensayo breve, creo que vale la pena que ustedes lo lean. No dudo que también les motivará a conocer más del autor y el resto de su obra.

El concepto de lo político (1932) de Carl Schmitt representa un ensayo de pensamiento teórico singular, que parece tomar mayor fuerza con los acontecimientos altamente conflictivos que vive nuestro país. Los alcances y la proyección de sus tesis principales parecen tener una intensidad inversamente proporcional a la comprensión y la aceptación de su obra entre académicos.

El concepto de lo político es un título que podríamos juzgar un poco parcial con respecto a la magnitud de problemas que se entrecruzan en su escritura: el Estado, la guerra, la soberanía, la legitimidad, el poder constituyente, la constitucionalidad, la dictadura, los conceptos de amigo y enemigo, el formalismo jurídico, la crítica al parlamentarismo liberal burgués, los conceptos de igualdad y libertad, la autoridad y el autoritarismo. La política en Carl Schmitt tiene poder argumentativo justamente porque podemos considerarlo como un cajón de piezas que exige a sus lectores composición. Se trata, sumariamente, de un ensayo provocadoramente polémico que pone en cuestión el conjunto de la teoría política moderna.

La heurística del ensayo de Schmitt permite advertir cómo el ámbito en problemas que aborda la teoría política, es inseparable de los tipos de racionalidad que se requieren para su reconstrucción. Los procesos de cambio o regularidad institucional, la normatividad, el sentido de la autoridad representativa, los órganos legislativos, los sistemas de control y la definición de intereses para la guerra, la amistad o enemistad interestatal y otros aspectos relevantes en la lucha por el poder político, requieren un adecuado conjunto de herramientas que hagan posible su reflexión integrada.

La política deviene para Schmitt en una esfera analítica concéntrica en donde los conceptos analizados abren mejores caminos para comprender el ámbito empírico de su desarrollo. Schmitt piensa y escribe con meridiana claridad. Lo político es un ámbito de ineludibles controversias en el nivel de su representación. Un concepto profundamente arraigado en el lenguaje cotidiano tenía que padecer necesariamente de impurezas. Aún más. La historia de las guerras y las confrontaciones violentas sucedía inextricablemente ligada a una hostilidad en el lenguaje.

De modo que declarar públicamente al enemigo, hace parte también de los armamentos en los campos de batalla. La guerra es un asunto de lenguaje, como la política. Siempre resulta reconocible la condición esencialmente polémica de la formación de los conceptos y términos políticos. De este modo, cuestiones terminológicas se convierten en instancias altamente politizadas; una palabra, una forma de expresarse puede constituir al mismo tiempo un reflejo, una señal, una caracterización y hasta un arma de la confrontación hostil. Una reconstrucción de lo político exige esfuerzos por darle claridad a los conceptos fundamentales.

Carl Schmitt lo ilustra en su breve ensayo. Aunque la claridad schmittiana se corresponde mejor con una crítica negativa alrededor de los lugares comunes. Se trata de hallar claridad conceptual en medio de la confusa terminología reinante. La teoría schmittiana no es lingüística, porque sus propósitos no se orientan a la sintaxis o la semántica del vocabulario político. Antes bien, la demanda de claridad parece provenir de su empeñada búsqueda de problemas originales. Porque la búsqueda es ante todo poseer mayor claridad conceptual, el trabajo teórico debe orientarse de tal manera que los argumentos expositivos tengan coherencia y consistencia analítica.

Un propósito que nos conduce a vislumbrar la manera como Carl Schmitt construye y reconstruye ideas, cómo elabora y encadena conceptos, cómo distingue criterios. Lo político depende entonces de la suerte de estructura conceptual y argumentativa que lo sustenta, esta es una convicción metodológica de Schmitt.

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