Palmira, Valle del Cauca, Colombia.
"Mi pintura cada vez se aproxima más a lo que yo soy, a lo que siento, a mi manera de actuar, obedece a mi estructura mental".
En las artes gráficas, y especialmente en la serigrafía, Eduardo Esparza ha descubierto los misterios del proceso creativo y ha realizado un aporte significativo al medio artístíco.
Desde niño ha tenido una novia fiel que lo acompañará hasta el último suspiro: la pintura. Por amor a ella, después de cursar cuarto semestre, abandonó la Agronomía; empacó sus corotos y se fue a estudiar Bellas Artes en la Universidad del Tolima en Ibagué.
Eduardo Esparza es un escéptico del arte oficial y de los burócratas de la cultura, pero no oculta su gran admiración por Alejandro Obregón, Luis Caballero, Fernando Botero, Carlos Granada y Pedro Alcántara Herrán, lo mismo que por sus compañeros de generación por los que siente un gran aprecio como Armando Martínez, Walter Tello y José del Carmen Hernández.
El proceso creativo actual de Esparza es muy diferente a sus procesos anteriores cuando trabajó la temática social y exorcizó los demonios de la demencia en el Hospital Psiquiátrico de Cali y en muchos de sus amigos que la padecieron.
La obra de Eduardo Emilio Esparza es una de las más reconocidas en el país y fuera de él. Ha expuesto en galerías de México, Estados Unidos, Venezuela, Bélgica y Suiza.
Hoy en día, Esparza no puede trabajar sobre una superficie blanca. Necesita primero manchar las telas para que aparezcan las formas. Es una etapa gestual en la que plantea la composición de la escena pictórica. En la etapa contemplativa vislumbra en la mente la obra. Después, con pinceles y frotamientos con cuchillas, bisturís, esponjillas, lijas y plumillas extrae de la luz, prisionera en la materia, los colores orgánicos que darán vida a su fantasmagoría lúdica. El erotismo es otro de los temas que lo han tentado con suma munificencia. Esparza es el creador de los falogones y de las flores carnales, recreaciones del trajinado tema de los bodegones o naturalezas muertas, con la diferencia de que los frutos son objetos del deseo y manjares vivificantes.
“Mi pintura cada vez se aproxima más a lo que yo soy, a lo que siento, a mi manera de actuar, obedece a mi estructura mental. Forma parte de mi mundo interior, de mi actitud lúdica, mis animales, peces, gallos, aves, gatos, perros. Las formas eróticas vistas a través de una fruta, una semilla. Todas estas formas, texturas y colores dentro de una estructura van hilando un tejido en forma vertical y horizontal que le da sentido a lo espiritual y lo terrenal. La dinámica de este tejido no es más que mi forma de jugar al trompo”.
Eduardo Emilio Esparza nació en Palmira en el año 1956. Estudió en la Escuela Departamental de Arte y Cultura de Cali, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Tolima y en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana. Creó el Taller Carángano con el cual ha realizado gran parte de su obra. Editó las carpetas: Lapislázuli (1981), Cuadrante (1982), Días y noches de guerra (1983), Pandora (1983), Alquimia e imagen (1985), y el libro gráfico Neruda y la Alegría del Mundo (1984).