Palmira, Valle del Cauca, Colombia.
a elección de contralora y personero en Palmira estuvo llena de verdades a medias, o sea, grandes mentiras. Los números de la supuesta coalición son lo de menos, la plaga de concejales torcidos (o no) también. La neutralidad del alcalde es puro cuento. Un pueblo convertido a la miseria por la rapiña política queda expuesto a cuatro años de más de lo mismo (con las mismas).
La excepción son las demandas interpuestas contra estas nominaciones, incluyendo la mayoría de concejales que eligieron a Ritter. Apenas quince días de posesión, y la ciudad no tiene órganos de control político como en las democracias modernas. Con los problemas heredados: inseguridad pública, desempleo, homicidios y corrupción, Palmira no merece una clase gobernante tan mediocre.
La contraloría municipal como la personería han sido secretarías del gobierno, como lo subrayó Teresa Consuelo Cardona. Y seguirán siendo mientras estos cargos dependan del concejo que tiene la ciudad. La corrupción compartida entre secretarios de salud, directores de los hospitales y contratistas mantendrá en su estado mortuorio el bienestar de la mayoría.
Las demandas contra Dora Alicia Concha, ex secretaria de salud, 2002, 2003, con fallos acusatorios en sentencias judiciales confirmadas, pasaron burladas por los funcionarios de control. El caso más aberrante ha sido el del San Vicente, sin que los oficios de ciudadanos demandantes hayan recibido respuesta. Los oscuros negocios del alcalde anterior, contratos con los Nule, con adelantos en obras que jamás se llevarán a cabo.
A Palmira la destruyen los políticos y la delincuencia organizada. Quienes son optimistas se equivocan, Ritter subió el escaño del poder, pero pagando favores: tiene los mismos funcionarios del alcalde Arboleda, acordó protocolos con el gremio de motorratones; lo que significa que no corregirá desviaciones del transporte público. Los contratos a medias de la anterior administración con mordidas de funcionarios públicos, quedarán bajo el velo de ignorancia.
En una ciudad con semejante desempleo, los profesionales quieren ocuparse del poder. Un amigo que estuvo durante las primeras sesiones del concejo municipal escribía con desconsuelo: "La sala estaba colmada de periodistas de radio Palmira, abogados y gamines con saco y corbata". Sin contraloría municipal, sin personería ciudadana y sin periodismo independiente, el municipio no puede mejorar su economía ni la calidad de vida de la población.
Y esta observación agregada. Un gobierno con semejante gabinete no puede contar con una oposición a medias. Quienes creen que Ritter es un ángel entre demonios están equivocados. Los mismos periodistas que sostuvieron falsamente las mentiras del alcalde anterior, hacen las veces de Casandra. ¡Paredes blanqueadas! A radio Palmira, Caracol le ha retirado su respaldo. ¿Por qué razones? Un periodismo de respeto no puede tolerar semejante contubernio de contratos publicitarios con el poder municipal.
Quienes son sacristanes de Dios en la mañana y se acuestan con el diablo por las noches arreglan todo a medias. Desean razonablemente encontrar su conciencia tranquila, pero tropiezan con un poder corrompido. No podemos creer que un alcalde empujado por acuerdos con partidos parasitarios (La U, Cambio Radical, Liberal, Conservador y el PIN) tenga el valor de condenar hechos dolorosos de corrupción con quienes engañosamente lo llevaron al poder.
Quienes piensan piadosamente creen que el poder tiene la capacidad de despojar al poderoso de sus vicios. Tenemos un alcalde que no se parece a la clase política. Una mentira piadosa. Ritter es un hombre honrado, por eso mismo mantendrá su palabra de no destapar animales hediondos que estuvieron en la alcaldía. Los pocos funcionarios que luchan a diario con su conciencia saben que cuesta demasiado ocultar el sol con un solo dedo.
Esta semana el alcalde estuvo en Potrerillo. Veo las fotografías y escucho las intervenciones; todavía está en campaña: promesas, promesas, promesas. Parte de su gabinete sentado ante manteles blancos, decorados con flores de la región. Unos políticos y unas señoras demasiado gordas, en medio de poblaciones que se mueren de hambre.
Ritter, alcalde, imponga a todos los funcionarios una hora diaria de ejercicios, pueden llevar sudaderas y darle treinta vueltas al Bosque Municipal. No estaría mal un gimnasio en la alcaldía. Se observa que usted lo hace bien, y a muchos nos agrada su limpia sonrisa.
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