Cavilaciones
La academia de los saposParamilitarizar estudiantes una idea nefastaPor Jorge Londoño ArizaLos claustros universitarios son el aprendizaje de los valores y trucos que maneja la sociedad para no parecer estúpidos frente a la vida; y no una academia de batracios cumpliendo funciones que le corresponden a la autoridad que se hizo elegir. |
Utilizar a los jóvenes universitarios como informantes de los actos delincuenciales en esta nación, no es más que la idea de un gobernante incapaz al que se le escapa su maldad desde lo secreto del vientre. Un padre celoso de sus hijos sabe que todo muchacho universitario parecerá sospechoso ante los ojos del cualquier criminal. Bronca por el hecho de ser. Todo familiar sabe que un enérgico joven llevado por el espejismo de los miserables cien mil pesos que le ofrece el presidente por ser delator, lo puede llevar a la muerte. Son muchos los muchachos universitarios que viven en barrios infestados de atracadores que estarían en peligro. Cargar un maletín y tener cara de universitario sería quedar en un alto grado de vulnerabilidad.
Y es que cada quien puede sentirse obligado a hilar delgado: ¿Quiénes serían los jovenzuelos que irían al destazadero?... los más pobres que están en las universidades públicas, teniendo en cuenta que los hijos de los ricos en las universidades privadas no se harán matar por cien mil pesos, porque no están bajo la presión ni expuestos a la tentativa de un estado de necesidad. Le cabe a uno sospechar que para el presidente todo estudiante de una universidad pública es un revolucionario y en poco tiempo un subversivo en potencia, adelantarse a sacrificarlo puede ser una buen ejercicio de prevención.
Todo estudiante en la mira de un delincuente sería como el periodista en la ojeriza de un intocable a quien le molesta el ejercicio del “pensador imbécil” que defiende un derecho constitucional.
Los claustros universitarios son el aprendizaje de los valores y trucos que maneja la sociedad para no parecer estúpidos frente a la vida; y no una academia de batracios cumpliendo funciones que le corresponden a la autoridad que se hizo elegir para representarnos sin flaquear y demostrar que los dirigentes son superiores a sus dirigidos en defensa de un Estado Social de Derecho Participativo y Pluralista, fundado en el respeto de la dignidad humana, la solidaridad de las personas que la integran en prevalencia del interés general, asegurando el cumplimiento de los deberes sociales y respetando la soberanía del pueblo, en veneración del espíritu constituyente con objetivos de una nación en paz.
Toda denuncia de todo ciudadano debe ser el cumplimiento del deber. Llevar ante las autoridades el conocimiento de un delito, debe ser el resultado de un entusiasmo cívico nacido del buen ejemplo y la decencia que le han dado los gobernantes que jamás han constreñido las flaquezas de los legisladores, ni pisoteado los operadores de justicia a través de la intimidación monetaria.
Excúsenme, pero la seguridad en las calles es un asunto policivo y las garantías sociales un propósito estatal; y ambas direcciones son responsabilidad directa y primaria del señor presidente de la república. Busquémonos uno que sea capaz de conseguir resultados como autoridad natural y no por autoridad delegada, levantando fuego con el donacitismo de nuestros impuestos, que estimulan el caos que tratarán de solucionar con otro caos, porque se sienten impotentes ante los delincuentes que aceleran la venganza y dividen nuestra sociedad en estratificaciones de odio, que hoy están a punto de llevar al asesinato a nuestros jóvenes inocentes, quienes dejarán de pensar en cómo resolver un examen de cálculo estructural, para imaginar que si delatan a alguien, tendrán cien mil pesitos para el fin de semana; mientras entre los contumaces habrá quien dé dedo para que sigan muriendo, caídos en la trampa del impostor que los llevó alucinados al degolladero. Una propuesta como esta no deja de producir hilaridad: ¿Un muchacho denunciará una caleta de miles de dólares a cambio de cien mil pesitos?... los economistas deben estar a punto de pronunciarse sobre el desplome y devaluación de las recompensas.
Nadie puede estar más chiflado para satanizar a un estudiante de semejante manera. En Venezuela Chávez se las pica de Bolívar y en Colombia Uribe presume de ser Núñez.
Pero supongamos que el presidente Uribe tiene una inteligencia tan aguda y una suspicacia de detective nervioso, que los delincuentes se abstendrán por el sólo hecho de saber que en cada esquina puede haber un estudiante espiándolo; estaríamos frente a la “lucidez” de los falsos positivos del bochinche. Nos imaginamos la cacería de brujas y las intrigas para cobrar los cien mil pesos.
Recordemos que en muchos pueblos de Colombia la guerrilla no se ha metido por miedo al bochinche… ¡Eureka!... ¡Uribe sin proponérselo acaba de descubrir como evitar las tomas guerrilleras!...